Poemas de Amor, desamor, tristes, alegres, creativos, delirios...y Poemas de Gatos.
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Añoranza


Te comprendo...
y dice la bruma que mejor desabrigarse,
desnudarse del recuerdo y sumergirse en el estanque,
las ranas no serán besadas,
no antes de que caiga la luna...
y el silencio acompaña, lo sé,
porque cuando la memoria acecha
con su ímpetu de rosas de ayeres que no volverán,
el eco mudo de la voz se nos muere en la garganta,
sí, yo también estuve muda.

Te comprendo, moribundo de recuerdos
mientras las alas se nos quedan ajadas y empañadas,
es...¿Lo sabías? El vaho de la añoranza,
se queda la nostalgia pegada en el cristal de los ojos
y lluvia nos duele cuando nos resbala en lágrima.

Certeras Flechas

Y cada vez que amanezco enredada entre tus ramas,
cual espectro, cual fantasma, te naces tormenta en mi cielo
y la luz...me apagas.

Sé que es certera tu flecha, poderoso y fiel arquero,
más siempre espero de más, más de lo que siempre espero,
y aún siendo diana, ¡Te quiero!

¡Ay de tu boca ese día en que pronuncie perdón!
que tus agujas son hielo y rasgan mi corazón.

(...)

En la quietud del silencio, mientras se derrama el llanto,
hay un susurro que nunca nunca oirás de mis labios,
que todo lo derramado por esos tus diestros puñales,
toda la sangre, lo sé, son jugo de las verdades.

Y asumo...

Soy desidia y soy muerte,
causa, consecuencia y coacción,
la cadena que te ahorca,
la horca que te condena,
tu jaula y tu perdición.

Más tras los cristales vácuos
siempre se queda la duda colgando del corazón,
¿De verdad tanto rencor?

Ahora cae la lluvia al suelo, la lluvia de mis pupilas,
tu me ruges en relámpagos,
yo me deshago en pedazos,
y en cada pedazo escribo...dolor,
y en cada dolor un suspiro,
y en cada suspiro ¡Ay! ...amor.

No, ya no...


Surges en albar halo, como queriendo ser luz y sin embargo mis ojos ven tus tiznes opacos,
aura de negra umbría que solo exhala tinieblas.

Por más que engendres sonrisas,
Tánatos eres, dueño de muerte,
y aunque candiles incendien, fugaces, tus huellas,
el rastro que dejas siempre es macabra niebla.

No me embaucas esta vez, no me traspasas,
el espanto esperpéntico de tu guadaña no me daña,
esa tu cara de amanecer ya no me tienta, ni me engaña.

Me tocas, sí, en el centro del alma,
me duelo un poco a lutos, como si fuera viuda y llorara,
aprovechas el vacío y me clavas la astilla,
dices que es miel, que me quede tranquila, que nada pasa,
pero los lirios han muerto tras las ventanas.

Un lago se cubre de nostalgia,
una barca vacía navega a la deriva,
tus dedos sugieren tablas,
¿Acaso me consideras perdida?

Sonries y...mis ojos ya no te miran.

Sombras


Y entre avenidas la sombra de alguien que va sin abrigo,
la opacidad invisible buscando el rincón del olvido,
total ¿A quién le importa?
sin caminos, sin destino,
ya no es ella, sólo umbría, una penumbra en la esquina.

Los pasos ya no avanzan, la piel es alfombra en la tierra,
el asfalto acuna lágrimas que alguna vez llueven de arriba,
la boca ya no musita, el silencio es compañía,
el frio tálamo de su cuerpo, sin forma definida.

Un hombre pasa a su lado, no, no la mira,
dos témpanos sin rumbo, dos almas mortecinas,
dos fantasmas en la calle de las heridas.

Y a veces


Y a veces tendré que sostenerte en una mano,
que la otra no sepa, nada intuya,
un suspiro exhalar de cuando en cuando
y a ratos emitir un silencio ocultando.

Dormitar, bien lo sabes, allá en la carencia
que de ti, es y ha sido mi existencia,
y soñar que una vez, entre nieblas quimeras
has dejado en mi sombra, tatuada, tu esencia.

Cuando ya no se llora...


Ya se durmieron las lágrimas, ya no resbalan,
ahora tienen pies de arena y son ciénaga,
y se marchitan, como la pena, en esa esquina,
en el ángulo oscuro de la tristeza infinita.

Allá se incendian de luto, sal en ceniza,
qué negros los ojos que las han llorado,
qué profundo el surco en el rostro quebrado,
cuánta niebla en esas pupilas, cuánto pesar,
qué compungida la solitaria melancolía.

El rincón se ve ahora tan desamparado,
la figura cabizbaja y sus manos...
tan frágiles sosteniendo el árido desierto,
ya no se llueve, no es necesario,
las gotas son cristales, los cristales pedazos,
los pedazos astillas, las astillas...heridas.

No se sangra cuando uno ya se ha desangrado,
no se gime más, ni se grita,
el silencio se aproxima por el tejado,
las paredes se agrietan,
el dolor es arista,
una espina en el borde,
aguijón de desdicha.

No se llora, no, el sollozo enmudece,
todo fue derramado,
la tristeza...palpita,
y en el lodo, una lágrima queda escrita.

Llorando a solas


De rodillas bajo noctívaga cúpula,
con hilo de voz entrecortada y una lágrima,
lánguida, espesa y cristalizada.

Un sollozo a manos en rostro,
con un lirio entre dedos,
con lluvia en los ojos.

Parpadeando a un morir incesante,
al estrépito de un último sonido,
el galopar se detiene.

Por más que mire no alcanza,
ni grite, no escuchan,
nadie al otro lado del mundo.

El cuento infinito se acaba,
la súplica queda en el aire,
el llanto extiende sus ramas.

Nadie en aquella página,
y en esta orilla,
se llora a solas.

Resbalando

Cuentan en trinos los mirlos que alguien se escapa a unas manos, la hierba cede un silencio, la cigarra en su violín, triste canto, que dicen que alguien se escurre y yo no quiero mirarlo, ciega soy en el instante en que el ciprés se ha elevado, muda en el viento que ahora...queda paralizado, sorda a palabras necias, a ecos sin vocablo, no, no se me va, no se me va...sólo me queda negarlo. Sostengo el llanto en mi pecho, elevo manos al cielo, mariposas en los dedos y una lágrima en el ojo que ahora se queda cerrado. ¿Dónde vas que te resbalas como lluvia del tejado? ¿Dónde amor? ¿Dónde? Un cuervo me está mirando. No amanecerá más temprano, alondra posada en telarañas. Los mirlos siguen cantando, se va, lo sé y no puedo evitarlo.

¿Dónde...mi sonrisa?


¿Dónde está la risa? ¿dónde aquellos labios?
¿dónde quedó el día de besos callados?
¿dónde aquellas manos, aquellas caricias?
¿dónde? qué te lo has llevado.

Hay en el salón un gran espejismo,
un charco con sangre, un lago salado,
un agua que ciega refleja mentiras,
ciénaga con lodo donde me has bañado.

¿Donde está mi risa? ¿dónde la escondiste?
¿dónde? qué un silencio me está asesinando,
las miradas hablan, dicen de la ira,
latidos en odio y el rencor danzando
como esa retáila que decía en falso
¡te amo, te amo, te amo!

Mentiras, y ahora,
¿dónde? ¿dónde está la risa que tanto te ha dado?
tanto la querías, tanto la adorabas, tanto todo ansiabas,
que ahora es temor, que en muerte tatúa tu agonía,
la risa se fue porque tu querías, porque no reías,
porque de mi boca envidia tenías.

¿Dónde está la risa que ahora he perdido?
¿dónde? que te ahogas y no siento nada,
porque sin sonrisa, sin boca en la cara,
no hay perdón ni olvido, ni ganas, ni nada.

¿Dónde mi sonrisa?
¿dónde? ¿Y dónde tu hueco?
comisuras falsas, sin labios...vacías.

¿Dónde?

Cayeron dos lágrimas
y tu...Nada decías.

Quizá fue que te quise demasiado


Quizá sea que te quise demasiado,
tanto que ambos nos cegamos,
quizá la boca nos ha traicionado,
quizá fue quizá, que no me querías a tu lado.

Que todos los amaneceres se abran a tu paso,
que jamás mi sombra sea niebla en tu cansancio,
que la vida te sea buena, no te deseo daño,
porque te quise si, siempre, demasiado.

Y es pequeño el universo si te lo regalo,
mi alma la tuviste, mi alma y mis labios,
eres ciego, sigues ciego y no entendiste
que te quise demasiado.

Cada flor que yo te di la vestías de puñal,
cada risa, cada instante, le ponías el disfráz,
no, jamás quise hacerte mal,
solo fue que no entendiste
que te quise demasiado, demasiado hasta el final.

Un adios impronunciable

Te vas y no lo sabes, con el suspiro maltrecho de un adios impronunciable, entre caricias de soles y sin noche. Te vas como quién nada sabe, sospechando en la intuición que surca el aire, sin pensar y dormitando bajo el último abrazo. Te vas despacio y en silencio, con murmullo lejano, sobre el frío, en un sueño, en mis manos, con mi beso y tus ojos cerrados. Te vas sin saberlo, te vas y yo me quedo, me quedo y te lloro, te lloro a mi lado. Para Muma

Tristeza


Tengo la mirada triste reflejando una astilla del alma,
agujeros negros como negras rosas de puntas enmarfiladas,
lágrimas secas agrietando la piel que enfebrece de pena,
y un dolor en el pecho que traspasa hasta el fondo de un todo.

Tengo los dedos cansados de aguantar el peso salado,
cristalino, amargo, cruel de un sollozo inacabado,
un lago de aguas que en ciénaga duelen hasta la locura.

Tengo una melancolía guardada en los labios,
una tristeza en la lengua, un olvido que es gusano
y ha vuelto para recordarme lo que había matado.

Qué invulnerable el ayer cuando vuelve ante los ojos,
con soberbia y altanero, con guadaña entre los dedos.

Qué amarga la hiel del llanto cuando arroja su veneno,
sin recelo, ciega y muda, en columpio de calumnia,
sin sosiego, asesinando a sangre fría el consuelo.

No puedo, no, no puedo,
la pena cuando te atrapa no te deja,
tiene garras, agujas, espinas...
Y lágrimas.

No te encuentro


No hay nubes en el horizonte
ni crisálidas en durmiente espera,
no hay nada que disipe la mirada
y sin embargo no te encuentro.

Caminan mis pasos lentos,
de mi voz escapa un eco,
te llamo...
y no te encuentro.

Hago acurrucar mi cuerpo,
me adormezco,
sueño...te anhelo,
pero no te encuentro.

¿Dónde quedó tu caricia?
¿dónde el beso?
lloro...
y no te encuentro.

Hasta siempre mi pequeña mariposa


Ví sus huellas delante de las mías, atrás y al lado,
invisible sombra esbozando tragedia,
seguían mis lluviosas pupilas
el rastro de un filo marcado en la arena...
lo escuché...oí el chirriar de la siniestra guadaña,
lo quise detener...¡para, no sigas!
nada pude hacer...

Aguas negras sujetando un navío a la deriva,
y dentro...ella...se iba.
Rogué ¡no te vayas!
Se iba, se iba...se fue.

¿Cómo se muere en agonía?
con mano en tu piel sosteniendo un aliento,
con beso posado acariciando un lamento,
intentando dar la brisa que te haga respirar,
y te asfixias...juro que lo intenté,
sostuve el aire para dártelo a beber,
pero la sombra lo detenía...
guadaña cortando el hilo de la vida.

Lloré...lloro...lloraré,
no olvidaré, ni me perdonaré,
te recordaré...
¡adios! escribo
¡hasta siempre!...mi pequeña mariposa.

Y...ahora que ya no estás


Qué lúgubre sensación esta noche entre la niebla,
si hasta el tañir de campanas me hace estremecer el alma,
cómo si anunciase la marcha de alguien a quien quisiera.

Y así sentada en la sala ví en la mesita la nota,
ya las brumas lo anunciaban, te marchaste de mi lado,
con ese último gesto que da el que deja abandonado.

Me quedo en recuerdos de besos de aquellas nuestras sonrisas,
cuando bajo el cielo azul nos besábamos sin prisas,
cuando nuestros dedos jugaban a quedar entrelazados.

Y ahora que ya no estás, casi un rencor me atenaza,
un odio hacia tu marcha , si yo nunca te hice nada,
y las heridas que abriste, las heridas me abrasan.

Me subo al reloj de los recuerdos,
detengo el minuto de tu voz,
detengo el segundo del amor,
y en un instante que creo perpetuo...te tengo.

Cómo quisiera siempre tenerte en sueños
y que los sueños dejasen de ser tan sólo recuerdos,
cómo quisiera destrabar el tiempo
y ser de tus anhelos...el anhelo,
y no llorar más...

Hacerme árbol de mi corteza raída,
vivir de tu savia envenenada
sentir tu recorrerme serpenteante,
creando un lazo entre mis ramas
retorcer el tronco y prender las llamas.

Hieres mi ser en la forma que torne,
dolor profundo de mis entrañas,
Sea que te fuiste, sea que no volverás
sombra punzante en mi alma,
soy vagabunda de tus dolorosas tierras,
y tu mi limosna, mi triste... limosna

Nada quiero de tí



Nada que me recuerde que alguna vez estuviste,
borré las huellas de tus dedos, de tu piel, de tu mirada.
Nada que me haga pensar siquiera que me dejaste
en la dulce compañía de esa que llaman soledad.
No admito ni una palabra, ni un gesto que me dediques,
ni siquiera ese último giro que me dió tu espalda.

Te amé hasta lo más profundo, pensé que tu me amabas,
y en puñalada traidora me clavaste desgarrándome, tu daga.

Nada y menos que nada quiero de tí, ni una súplica quisiera oir,
ni un perdón, ni más mentiras, que ya bastante sufrí.

El despecho llama a mi puerta, el rencor a mi corazón,
y no sé si abrirles ahora o esperar a entrar en razón.

Quédate con esta frase:
"cómo yo te amé nadie nunca te amará,
como tu me traicionaste, en conjuro yo te digo,
mil veces a tí, te traicionarán".

Que no se nos canse el amor


No niegues lo que fue, no, ni tan solo asomes el perdón,
tu palabra no es suficiente para rescatar el amor,
que suspiro por tus rincones y tu solo aciertas a hablar
con susurritos hirientes un "perdón, no volverá a suceder",
y yo veo entre mis manos al amor agotar sus latidos,
e intento rescatar su último hálito de vida,
beso su palpitar y así te he robado tus besos
para que en vez de pedir lo que no debes decir,
entrelaces tus esfuerzos a los míos y nuestro amor no se agote.
Que no se ha de apagar lo que en llamas se quiere quemar.

Como yo nadie te ama


Aún dentro del pozo más oscuro,
habitante del abismo más oculto,
aún envuelta en las heridas por tus manos
que cercenaron mi alma en mil pedazos,
aún así te sigo amando.

Aún negando lo que me has acontecido
que aferrándome a tu piel me has desterrado,
aún muriendo eternamente en mil infinitas muertes
por el desdén de dejarme abandonada a mi suerte.

Aún pensando que haya otras que su amor a tí te entreguen,
que te regalen la luna y te bajen las estrellas,
o soplen olas de mares en ilusiones de estelas,
como yo, querido mío, como yo nadie te ama
pues no existe en este mundo ni siquiera en otras vidas
amor más profundo que aquél que yo te entregué.

Y duele


Arrastro las hojas de mi propio árbol carcomido,
raices salientes de un suelo que fue herido.


Paso a paso, con profundo dolor, camino,
que ví mi alma vagar por las nieblas de los errantes,
y no supe entonces ni ahora como hacerla retornar,
corazón de mil espinas clavadas en cortantes heridas,


y duele,
y duele,
y duele,


que la daga traicionera me fue insertada en mi espalda
hace tanto que ni recuerdo la primera cicatríz de mi alma,
y escurren gotas de sangre y la sangre por mi resbala,


y duele,


¿sabes cuanto?


duele lo mismo que el día que te marchaste,
lo mismo que el día que me engañaste,
lo mismo que el día que no me perdonaste
que te hubiera querido más
de lo que nunca te quiso nadie...

Prefiero morir en tus labios


Prefiero morir en tus labios...

que de no tenerte sería un crimen
y de perderte suicidio,

que por tus rincones suspiro
por tu suspirar respiro
y respirando tu aire
vuelo donde no pudo llegar nadie.

Prefiero ser beso que muere en tu boca,
labio a labio bebiendo la última gota,
que ser la gota en lágrima desesperada
que cae por el rostro de la que es despojada.

Prefiero morir en tus labios,
dulce y anhelada muerte,
a anhelar tus labios muerta
por no tenerte o perderte.